La naturaleza, la arquitectura y la vivienda reducen el aislamiento y favorecen la recuperación en salud mental

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Expertos reunidos en el Parc Sanitari Sant Joan de Déu reivindican incorporar el bienestar emocional al diseño de ciudades, edificios y viviendas como herramienta de salud e inclusión social

Los espacios no son neutros: pueden empeorar o mejorar la salud mental

La salud mental también se construye en las calles, en los parques y en casa

Un espacio pensado para personas con autismo severo permitió reducir en un 60 % los trastornos de conducta. Cerca de 100.000 personas entran cada año en un centro ocupacional porque simplemente quieren estar en él. Y los espacios urbanos con agua generan mayores niveles de bienestar y relaciones sociales que muchos espacios verdes convencionales.

Son algunos de los ejemplos compartidos durante la jornada “Espacios que cuidan: arquitectura, ciudad y salud mental”, organizada por el Parc Sanitari Sant Joan de Déu. El encuentro ha abordado una idea que cada vez cuenta con mayor evidencia científica: los espacios que habitamos pueden influir de forma decisiva en la salud mental.

Los participantes coincidieron en que los espacios no son neutros. Pueden generar estrés, reforzar el estigma o aumentar el aislamiento, pero también favorecer la recuperación, la inclusión y el sentimiento de comunidad.

"La planificación urbana, la incorporación de la naturaleza y la promoción del bienestar y la salud mental son tres elementos que hay que gestionar de forma conjunta", ha afirmado Sergi Valera, catedrático de Psicología Social Ambiental de la Universidad de Barcelona. Según el investigador, la naturaleza no solo aporta beneficios psicológicos y fisiológicos, sino que favorece la cohesión social y las relaciones entre las personas.

Valera ha defendido también el potencial de los llamados espacios azules, como estanques, fuentes o láminas de agua naturalizadas, que favorecen especialmente la socialización y el bienestar percibido.

Cuando la naturaleza forma parte del cuidado

La arquitecta y paisajista Sílvia Pujalte, técnica especialista en verde urbano del Ayuntamiento de Sant Boi, ha explicado que muchos de los malestares emocionales que llegan a la atención primaria requieren respuestas que van más allá de los fármacos. Por eso, la ciudad impulsa iniciativas de prescripción social vinculadas a la naturaleza, como itinerarios saludables, huertos comunitarios y actividades en el entorno natural.

Según Pujalte, el proyecto Sant Boi Respira + Verd representa un cambio de paradigma: la jardinería deja de ser un elemento ornamental para convertirse en una infraestructura de salud capaz de generar sombra, confort climático, zonas de calma y bienestar comunitario.

Los expertos también han reivindicado la participación ciudadana en el diseño de los espacios, incorporando el conocimiento y las necesidades de las personas que los habitan.

Arquitectura que cuida

Para la premio Pritzker Carme Pigem, cofundadora de RCR Arquitectes, un edificio que cuida es aquel que va más allá de la funcionalidad. "Un edificio te cuida cuando tiene una atmósfera que te aporta bienestar, pasa de la imposición a la escucha, tiene capacidad empática y permite que la naturaleza lo colonice", ha afirmado.

La misma idea ha centrado la conferencia inaugural de Clara Rius, del estudio Ahead Barcelona Healthcare Architecture y arquitecta del nuevo Centro Integral de Salud Mental de Vilanova y la Geltrú, recientemente estrenado por el Parc Sanitari SJD, que ha defendido que el diseño de los espacios influye directamente en la experiencia de las personas y que las decisiones arquitectónicas deben crear entornos seguros y de acompañamiento.

El nuevo Centro Integral de Salud Mental ejemplifica esta forma de entender la atención. El equipamiento integra en un mismo espacio los principales servicios de salud mental infantil, juvenil y de adultos.

Para el director de Salud Mental del Parc Sanitari Sant Joan de Déu, Antoni Serrano, el centro representa “el modelo de salud mental que queremos impulsar: comunitario, integrado, accesible y centrado en la dignidad de la persona”. Según Serrano, se trata de un modelo que entiende que "el espacio, la coordinación entre profesionales y la conexión con la comunidad también forman parte de la recuperación".

Cuando la ciudad entra en casa

Uno de los casos más destacados de la jornada ha sido el de El Vapor Prodis, en Terrassa. Según su gerente, Dani Jorquera, la transformación no pretendía solo crear un nuevo edificio, sino cambiar la forma de entender los espacios destinados a las personas con discapacidad.

Un entorno específico para personas con autismo severo ha permitido reducir en un 60 % los trastornos de conducta. Pero el dato que más le ha sorprendido es otro: cerca de 100.000 personas pasan cada año por ese espacio comunitario. “Durante más de 65 años hemos defendido que las personas con discapacidad debían salir a la calle. Lo que no esperábamos es que la ciudad entrara en nuestra casa”, ha explicado. “Es una inclusión inversa. Ya no somos nosotros quien sale a buscar la ciudad, sino la ciudadanía quien quiere entrar en nuestro espacio.”

La jornada también ha puesto en valor a la vivienda como factor de recuperación. Desde la Fundació Habitat3, Lourdes Borrell ha defendido que muchas personas no necesitan instituciones, sino viviendas dignas y los apoyos adecuados para mantenerlas. El acceso a un hogar estable contribuye a aumentar la autonomía, reducir hospitalizaciones y favorecer la inclusión social.

Humanizar no es decorar

La jornada se ha cerrado con una idea compartida: humanizar no consiste en hacer edificios más atractivos visualmente, sino en poner a las personas en el centro.

"Humanizar es poner a la persona en el punto de partida y no perderla nunca de vista", ha resumido Aitor Olivé, presidente del Comité de Humanización del Parc Sanitari Sant Joan de Déu.

Para Olivé, la humanización no es solo cuestión de espacios. “No es solo cómo es el espacio, sino cómo hacemos sentir dentro de él. Humanizar un espacio es hacer que la persona se sienta más segura, más libre y más persona.”

Una reflexión compartida por Patricio Martínez, de PMMT Forward Thinking Healthcare Architecture, que defiende una arquitectura basada en la conexión, la empatía y la dignidad.

En definitiva, la jornada evidenció que la salud mental no empieza cuando una persona entra en una consulta. Empieza mucho antes, en los espacios que habita todos los días.

Del debate a la experiencia: descubrir el patrimonio que cuida

La jornada se completó por la tarde con dos actividades abiertas a la ciudadanía que trasladaron las reflexiones sobre la relación entre espacio, bienestar y salud mental. Por un lado, el público pudo adentrarse en la historia del Jardín Invisible a través de una visita teatralizada que recreó la vida cotidiana del antiguo recinto psiquiátrico de Sant Boi y su vinculación con la figura de Antoni Gaudí. Por otro lado, el Gaudí Research Institute organizó la conferencia Urbanismo saludable y una visita técnica guiada al conjunto modernista.

Este espacio singular, construido entre 1903 y 1912, está considerado por diversas investigaciones un laboratorio de experimentación arquitectónica relacionado con el universo creativo de Gaudí y constituye hoy un ejemplo único de la conexión entre patrimonio, naturaleza, comunidad y bienestar. Con estas actividades, el Parc Sanitari ha querido acercar a la ciudadanía las ideas trabajadas durante la jornada y reivindicar el valor de los espacios como activos de salud y cohesión social.

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